08.01.2023

Marcela Cabutti · ¡OPI! · MAR Museum, Mar del Plata

Marcela Cabutti presenta su muestra individual ¡OPI! en el Museo MAR en Mar del Plata, Buenos Aires.

Las pequeñas esferas

Jordana Blejmar y Natalia Fortuny

 

“…las bolitas esparcidas sobre la manta dibujaban un universo  de planetas marinos. La materia líquida envolviendo la materia sólida.”

Sandra Petrignani, Catálogo de juguetes

 

Marcela Cabutti creció en el barrio Los Hornos de La Plata, en el límite difuso donde la ciudad se confunde con el campo. Allí, en el universo infinito de un patio de tierra, pasó tardes enteras jugando con amigos a las bolitas, diminutos cristales que operan en esta muestra como magdalenas proustianas del recuerdo y evocan un pasado cada vez más lejano, quizás no del todo ido.

Existen bolitas de diferentes materiales: vidrio, porcelana, plástico, acero. Las lecheras son blancas y opacas; las azules y verdes, traslúcidas. Algunas transparentes, como las japonesas, traen en su interior hélices de colores y brillos. Aunque prevalecen las medianas, hay bolitas de tamaños más grandes, bolones, y otras más chiquitas, pininas. Cuando Marcela era chica, sus abuelos vivían en la provincia de Santa Fe y en una gran caja fuerte ubicada celosamente junto a la mesita de luz guardaban las bolitas de mayor valor. En San Jorge, a pocos kilómetros del pueblo de sus abuelos, queda Tinka, la última fábrica de bolitas que existe en América Latina. Abrió sus puertas en 1953 y actualmente fabrica 75 millones de bolitas al año para el abastecimiento del mercado interno . Cabutti viajó a conocerla y documentó el funcionamiento de sus máquinas. Recién moldeadas y al rojo furioso por las altas temperaturas a las que están expuestas, las bolitas parecen pequeños meteoritos.

Las bolitas se coleccionan o se apuestan, sirven para embocar al opi, para el juego de la quema, la casita y el triángulo. No se necesita demasiado: comprarlas en algún kiosco –son baratas–, encontrar un lugar de 2×2 –la vereda, el patio, el campito–, marcar un sutil hoyo en la tierra –mejor si está dura y seca– y poseer, claro, tiempo libre. El juego de la bolita despliega y construye el espacio de lo público, que es a veces el de la guerra (Petrignani dice no haber visto jamás una competencia de bolitas armónica o pacífica).

Es hipnótico verlas avanzar en líneas elípticas o chocarlas unas a otras en la mano mientras los dedos las mueven circularmente. Con sus órbitas, las bolitas son pequeñas esferas celestes al alcance de todos, astros brillantes que caben en el bolsillo del pantalón y pueden guardarse en un frasco, accesibles pedacitos de cielo. La analogía entre esas esferas de cristal y los planetas no es casual. Giorgio Agamben recuerda cómo ciertos juegos infantiles tienen origen en ceremonias sagradas. Las pelotas, por ejemplo, simbolizaban al sol en algunos rituales antiguos.

En esta muestra hay un interés no sólo por aquello que las bolitas convocan o señalan –la fábrica y por extensión la industria argentina, el barrio, el cosmos– sino por lo que son materialmente, por su agencia mineral. Así como las manos de las alfareras paraguayas que la artista visitó en el 2021 piensan mientras hacen sus artesanías, así también la materia de las bolitas hace, interactúa con su entorno y moldea relaciones. Formadas por la combinación de catorce minerales –un estado de la materia en frágil equilibrio– estas esferas de vidrio pueden, por ejemplo, ayudadas por un rayo de luz, provocar incendios.

Las casi quinientas mil bolitas azules nos invitan aquí, como un cielo o un mar, a participar de la dimensión de su volumen. Su superficie brillante arma a su vez constelación con otros cuerpos celestes, otros habitantes astrales de la sala: la Osa Mayor, el Can Menor y Vulpécula, la Zorra, salidos de la imaginación de viejos mapas ilustrados. La materia es nómade: el mismo calcio que moldea las estrellas conforma ahora el vidrio de bolitas y esculturas.

¿Qué convocan estas bolitas de un pasado común de juegos y calles de tierra? ¿Qué futuro vaticinan las constelaciones animales que las custodian? En un doble movimiento, la muestra de Cabutti conecta el arriba y el abajo, mientras ofrece pistas para pensar el presente desde lo material, desde el azul profundo de estas pequeñas esferas.

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