Paris, Francia · 10.11.2016 - 13.11.2016

PARIS PHOTO’16

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Alberto Greco

A lo largo de su corta carrera, Alberto Greco (1931, Buenos Aires, Argentina – 1965, Barcelona, ​​Spain) supo desarrollarse en distintos campos creativos, entre los que se destacan: la pintura, el dibujo, la poesía y la literatura, evolucionando hacia una línea de investigación conceptual en la que sobresale la creación de un movimiento unipersonal al que él mismo denominó Vivo-Dito o Arte Vivo. Toda la producción de Greco restablece la ecuación arte-vida y reivindica la actitud vital del artista en la significación de la obra de arte, concebida como proceso, cuyo planteamiento radical anticipa los desarrollos artísticos que darán lugar a un cambio de paradigma en los años siguientes. Greco alcanzó un intento de superación del espacio artístico como lenguaje y vehículo de representación, experimentando con nuevos medios expresivos que plantean la disolución de la pintura, llevando las obras al límite de su concreción física, anticipándose a la idea de la desmaterialización de la obra de arte.

A pesar de que comenzó su carrera como pintor, y es considerado uno de los pioneros del Informalismo en América Latina (se une al grupo en 1959), continuamente desarrolló diferentes conceptos que lo llevarían a evolucionar más y más.  Estos cambios radicales comenzarían en 1961, desarrollándose en un grado mayo en 1963 hasta su temprano fallecimiento en 1965, convirtiéndose este en su última perfomance.

Durante finales de 1940 y principios de los años 1950 se aventura con la pintura, el dibujo, la poesía y la escritura, sin estar seguro de cual sería su verdadero camino. En 1950, escribe “Fiesta” una edición compilada de poesías y haikus. Greco presentó una edición de 150 copias, y fue muy bien recibido por el campo artístico local del momento. Viajó a Europa en 1954, vivió en París, donde en 1955 presenta su primera exposición individual en la galería La Roue, Madrid y Roma. Luego regresa a Buenos Aires, funda el movimiento informalista en Brasil, y retorna a Europa, donde pasa algún tiempo en Ibiza, para partir más tarde a Nueva York. En 1958, a los 27 años, fue invitado a hacer una gran exposición individual en el “Museo de Arte Moderno de Sao Paulo”, donde hizo las obras en un día y fue nombrado el mejor artista informalista de Brasil. Fue un éxito inmediato. Greco mostró placas metálicas oxidadas y un papel de 10 metros de largo al que le había arrojado huevos llenos de tinta, mostrando a los críticos que una obra de arte virtuosa viene de la innovación y las ideas más que de métodos premeditados.

En 1961, realiza su última muestra de pinturas en Buenos Aires en la galería Pizarro, en la cual presenta la serie Las Monjas y “Alberto Greco, ¡Qué grande sos!”, primer performance e intervención pública  registrada que el artista realiza en el país, inundando las calles del centro de la ciudad por medio de afiches que aclamaban “Greco, el pintor informalista más grande de América” y “Alberto Greco ¡Qué grande sos!”, apropiación de un verso de la entonces prohibida Marcha Peronista*. Esta es además una de las primeras acciones de este estilo jamás vistas en América Latina, registrada por el fotógrafo Sameer Makarius (1924, El Cairo, Egipt – 2009, Buenos Aires, Argentina), un antecedente de los Vivo-Ditos que realizará posteriormente y que marcarán un quiebre de su período Informalista.

Greco amplia el campo del arte y lo involucra íntimamente con la vida. Los afiches, resueltos solo con sentencias discursivas y en un formato publicitario, funcionan como iniciadores de las prácticas conceptuales en el arte, cuyas manifestaciones prosperarían en Latinoamérica y Europa hacia mediados de la años ’60.

Greco hombre y Greco artista a partir de ahora se hacen uno. Lo que hacía en su etapa informalista, incorporando fluidos de su propio cuerpo en la pintura o acentuando el gesto de la pincelada, ahora cobra un sentido más profundo, ya que tanto él como el universo que lo rodea, pasan a convertirse en la obra de arte por excelencia. Alberto Greco se proclama a sí mismo, sin necesidad de aprobación o inserción en el campo del arte que lo avale, sino que empuja los límites y rompe las barreras de lo establecido. De esta manera, Greco se encuentra cómodo con la acción performática, donde él se transforma en la obra en si.

Poco después se instala en Paris donde realiza, en 1962, la Primera Exposición de Arte Vivo, “firmando” y “señalando” personas. Por otro lado, en Genova publica por primera vez el Manifesto Dito dell´Arte Vivo en italiano. El arte Vivo-Dito es entendido por el artista como “la aventura de lo real, el documento urgente, el contacto directo y total con las cosas, los lugares, las gentes, creando situaciones, lo imprevisto. Es mostrar y encontrar el objeto en su propio lugar. Totalmente de acuerdo con el cine, el reportaje y la literatura como documento vivo. La realidad sin retoque ni transformación artística. […] Arte Vivo, Movimiento Dito. Alberto Greco. 24 de julio de 1962. El segundo manifiesto lo escribe en español en 1963.

Durante estos años desarrolla varias performances “Vivo-Dito”, una de las más emblemáticas siendo “Alberto Greco en Piedralaves” en julio de 1963, en Ávila (España). La serie completa de treinta fotos sacadas por su amiga Monserrat Santamaría, ilustran las acciones del artista y captan

vendedores ambulantes, mendigos, ciegos, campesinos e incluso animales ¨señalados¨ por Alberto Greco quien con este gesto designa, al mismo tiempo que se apropia, de un Arte Vivo, buscando enseñar la existencia del arte en su lugar, sin transformarlo ni mejorarlo, dejándolo fuera del circuito artístico reconocible, suponiendo con ello un cambio conceptual con respecto a la manera en la comprendemos el arte. Las imágenes desentrañan el significado de la performance como supervivencia, como zona de resistencia, y del espacio urbano como laboratorio y plataforma de la creación efímera. Las fotos muestran a Greco señalando situaciones con un cartel que lee “Obra señalada por Alberto Greco”. Cada imagen otorga referencias de la transformación de Piedralaves en una obra en sí misma. En el ámbito internacional, la irrupción de estos Vivo-Ditos coincidió con el advenimiento de una sensibilidad promisoria para la desmaterialización de las prácticas artísticas. Históricamente han sido interpretados como un conjunto de acciones precursoras del Conceptualismo Latinoamericano.

Con respecto a otras cuestiones, una de las medios artísticos preferidos de Alberto greco, una que desarrolló continuamente, en especial durante su etapa post-informalista ente 1962 y 1964, fue el dibujo, que desarrolló de manera casi desesperada e impulsiva, dejando su alma sobre el papel e incluyendo palabras superpuestas, fechas e información encriptada. De hecho algunos de sus amigos, testigos de sus procesos, afirman que sería arrastrado a otra dimensión, y muchas veces no recordaría lo que había hecho. Aparentemente caóticos y desordenados no parecen tener dirección determinada ni un relato marcado. En ellos Greco lo vuelca todo, y por medio de la línea, la mancha y la palabra nos introduce en un universo. Dominado por grafías, ideas, números, mensajes, fantasías y sueños, como si se tratara de un fragmento de su diario personal. Greco afirmaba que la gente no entendía porque sus obras eran tan intensas, si él era tan feliz. Pero debajo de su apariencia guardaba un profundo dolor y desesperación y eso esta inevitablemente plasmado en sus trabajo con mayor intensidad a medida que pasan los años.

En 1964, expone en la galería Juana Mordó en Madrid y regresa a Buenos Aires, donde presenta su experiencia de Arte Vivo: Mi Madrid querido en la galería Bonino con la colaboración del bailarín Antonio Gades. En 1965, se instala en Barcelona, donde escribe Besos Brujos, una obra plástico-performática, considerada por muchos una de sus piezas más emblemáticas. Pone fin a su vida en octubre de ese mismo año, escribiendo FIN sobre las palmas de sus manos tomando barbitúricos que desencadenan su muerte. Todo lo que hizo, cada manifestación acerca de su entendimiento del universo, fue transformada en obra de arte. Y a pesar de que su carrera fue corta, él cambió el curso del arte en muchos sentidos y en especial para tantos artistas europeos y latinoamericanos.

Quizás su máxima acción relacionado con esta manifestación artística sea su viaje a Piedralaves en Ávila (España) en julio de 1963 donde realiza la serie de acciones fotografiadas por Montserrat Santamaría, dando como resultado una serie de 30 fotografías donde se observan vendedores Pero

En 1964, expone en la galería Juana Mordó en Madrid y regresa a Buenos Aires, donde presenta su experiencia de Arte Vivo: Mi Madrid querido. Pintura espectáculo Vivo-Dito, con colaboración del bailarín Antonio Gades. En 1965, se instala en Barcelona, donde escribe Besos Brujos, una obra plustico-performática, considerada por muchos una de sus piezas más emblemáticas. Pone fin a su vida en octubre de ese mismo año. En 1991, en el Instituto Valenciano de Arte Moderno (IVAM) se presentó la mayor muestra dedicada a Greco, con la curaduría del crítico español Francisco Rivas; un año más tarde fue exhibida en el Museo Nacional de Bellas Artes de Buenos Aires.

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